Cada semana aparece una herramienta nueva que promete una web completa en un minuto: describes tu negocio, eliges un estilo y en segundos tienes portada, textos e imágenes. El diseño web con inteligencia artificial ha llegado para quedarse, y yo uso la IA a diario en mi trabajo. Pero la conclusión que saco no es la que suele venderse. La IA no abarata las webs: abarata la parte que ya era barata y encarece la que no sabe hacer. Maquetar, redactar un primer borrador o generar una imagen cuesta hoy casi nada. Decidir a quién le hablas, qué dices primero y qué no debe aparecer en tu web cuesta lo mismo que antes, y ahora es lo único que te diferencia.
Lo que el diseño web con inteligencia artificial ya hace bien
La IA es muy buena produciendo forma. En minutos tienes una estructura de página razonable, textos correctos y sin faltas, variantes de un titular o una imagen para una cabecera. Tareas que antes llevaban horas se resuelven en lo que tardas en escribir la petición.
No tiene sentido negarlo ni hacerse el purista. Yo uso estas herramientas para preparar borradores, revisar textos, ordenar información y probar ideas rápido. Ahorran tiempo, y ese tiempo se puede dedicar a lo que importa. El problema aparece cuando se confunde ese ahorro con el trabajo completo.
Por qué todas las webs hechas con IA se parecen
Una IA genera a partir de lo que ya existe. Le pides una web para una clínica dental y te devuelve la media de miles de webs de clínicas dentales: la misma estructura, los mismos mensajes, las mismas fotos de gente sonriendo. Es un resultado correcto y, por eso mismo, intercambiable.
Si tu competencia usa la misma herramienta con una petición parecida, vuestras webs dirán prácticamente lo mismo. Pasa lo mismo con los textos: frases correctas y ordenadas que podrían firmar cien empresas. Suenan bien y no dicen nada concreto, y quien lee lo nota aunque no sepa explicarlo: le falta un dato, un ejemplo, una forma de decir las cosas que sea de alguien. Y una web que dice lo mismo que las demás no le da a nadie una razón para elegirte. La IA te da el punto medio de tu sector, y tu negocio no debería estar en el punto medio.
Qué dice Google del contenido hecho con IA
Una duda habitual es si Google castiga las webs escritas con IA. La respuesta oficial es que no por el hecho de usarla. En su guía sobre el tema, Google explica que se centra en la calidad del contenido, más que en cómo se crea, y que lo que persigue es el contenido generado para manipular el posicionamiento, lo haga una persona o una máquina.
La lectura útil es otra: si el contenido no aporta nada propio, no va a posicionar, lo escriba quien lo escriba. Google dice premiar la experiencia, el conocimiento, la autoridad y la fiabilidad, y eso es justo lo que una IA no puede inventar sobre tu negocio. Puede redactar un texto sobre cómo elegir un buen abogado, pero no sabe qué casos has llevado ni qué preguntas te hacen tus clientes en la primera reunión.
Lo que la IA no sabe de tu negocio
Hay decisiones que siguen siendo humanas, porque dependen de información que no está en ningún sitio público:
- A quién le hablas. No a «pymes» o a «clientes», sino a la persona concreta que te compra, con sus dudas y su manera de buscar.
- Qué te diferencia de verdad. Lo que tú sabes y tu competencia no, no lo que suena bien en un eslogan.
- Qué va primero. El orden de una página es una apuesta sobre qué necesita saber tu cliente antes de decidir.
- Qué no debe aparecer. Las renuncias, que son la mitad del trabajo, como contaba al hablar de si una web debe ser bonita o efectiva.
Nada de esto se resuelve con una petición mejor escrita. Se resuelve entendiendo el negocio antes de diseñar, hablando con quien lo lleva y mirando cómo se comportan sus clientes.
Cómo usar la IA en tu web sin perder lo tuyo
La regla que aplico es sencilla: la IA para los borradores, las personas para las decisiones. Úsala para ordenar ideas, para tener una primera versión de un texto que luego reescribes con tu voz, para preparar variantes que comparar o para revisar errores. No la uses para decidir qué es tu negocio ni para publicar sin leer lo que ha escrito.
Un ejemplo de cómo lo hago yo: antes de escribir una página, hablo con el cliente y apunto cómo explica su trabajo, qué le preguntan siempre y qué le diferencia de verdad. Con eso, la IA me ayuda a ordenar y a tener un primer borrador. Después lo reescribo con sus palabras y quito todo lo que podría estar en la web de cualquiera. El borrador ahorra horas; lo que convierte el texto en suyo sigue siendo trabajo de persona.
La diferencia no estará en usarla o no, sino en para qué. Quien la use para ir más rápido en lo mecánico tendrá más tiempo para pensar; quien la use para no pensar tendrá una web como la de todos.
Una web hecha con IA también necesita mantenimiento
Hay un riesgo que veo cada vez más: quien cambia su WordPress por una web generada con IA convencido de que así se olvida del mantenimiento. «Ya no hay plugins que actualizar», se piensa. Nada más lejos de la realidad. Una web hecha con IA también está construida sobre librerías, dependencias y frameworks de terceros que envejecen y que, con el tiempo, publican fallos de seguridad. La diferencia es que en WordPress sabes qué tienes instalado, y en muchas webs hechas con IA quien la pidió no sabe ni siquiera con qué está hecha.
Los datos no invitan a la confianza ciega. Veracode, una empresa de seguridad, analizó el código que generan más de cien modelos de IA y encontró fallos de seguridad importantes en el 45 % de las pruebas. Un estudio presentado en USENIX Security 2025 comprobó que los modelos recomiendan paquetes de código que no existen en torno a un 20 % de las veces, y eso abre una puerta conocida: alguien publica un paquete malicioso con ese nombre inventado y espera a que la IA se lo sugiera a otra persona.
Y no es teoría. En 2025 se registró un fallo de seguridad en Lovable, una de las herramientas más populares para generar webs y aplicaciones, que permitía a cualquiera leer o escribir en las bases de datos de sitios creados con ella. La empresa no lo considera un fallo suyo: sostiene que proteger los datos de cada aplicación es responsabilidad de su cliente. Esa respuesta resume bien el problema. La IA te entrega la web, pero mantenerla segura sigue siendo cosa tuya.
Puede que ese mantenimiento sea más ligero que el de un WordPress con veinte plugins, pero no es cero: alguien tiene que saber qué piezas lleva la web, vigilar sus actualizaciones y revisar que no deja puertas abiertas. Es justo lo que explico al contar qué incluye un mantenimiento web.
El criterio es lo que no se puede generar
La IA ha hecho que tener una web correcta sea fácil y barato. Es una buena noticia, pero también sube el listón: si cualquiera puede tener una web correcta, lo que hace que te elijan es lo que no se puede generar, tu forma de entender a tu cliente y de explicarle por qué eres la mejor opción para él. Ahí sigue estando el trabajo, y ahí es donde lo pongo en cada proyecto de estrategia y consultoría.
Si quieres una web que diga algo tuyo, hablemos de tu proyecto.


