«A mí me va rápida». Es lo que responde casi todo el mundo cuando le digo que su web carga despacio, y suele ser verdad: en su ordenador, con buena conexión y la página ya guardada en la memoria del navegador, va bien. El problema es que sus clientes no la ven así. La ven por primera vez, desde un móvil y muchas veces con una cobertura regular. Si te preguntas por qué tu web es lenta, la respuesta casi siempre está en los mismos tres sitios. Y lo importante no es la técnica, sino lo que cuesta: una web lenta es una decisión de negocio que se está tomando sola.
Lo que cuesta una web lenta
Cada segundo de espera es gente que se va antes de ver lo que ofreces. Google recoge en su guía sobre velocidad casos de empresas que lo han medido. Uno de los más claros es el de la BBC, que comprobó que perdía un 10 % más de usuarios por cada segundo adicional que tardaba en cargar su web. La BBC es una marca que la gente busca expresamente; una pyme a la que alguien todavía no conoce tiene mucha menos paciencia de su lado.
Además, la velocidad se suma a todo lo demás. Como explicaba al hablar de por qué una web no genera clientes, quien llega decide en unos pocos segundos si se queda. Si parte de ese tiempo se va en mirar una pantalla en blanco, la conversación ni siquiera empieza.
Por qué tu web es lenta: las tres causas de siempre
En las webs de pequeñas empresas que reviso, la lentitud casi siempre viene de alguno de estos tres sitios:
- El alojamiento. Los planes más baratos son servidores compartidos con cientos de webs. Si los vecinos consumen recursos, la tuya espera.
- Piezas que sobran. Plugins instalados para probar algo y olvidados, scripts de herramientas que ya no usas, imágenes subidas a tamaño de cartel. Cada una añade peso o trabajo en cada visita.
- Sin caché. Sin una capa que guarde las páginas ya preparadas, el servidor tiene que montar cada página desde cero cada vez que alguien la pide.
A estas tres se suma cada vez más una cuarta: el código de terceros. Chats, mapas incrustados, vídeos o píxeles de publicidad se cargan desde servidores que no controlas, y cada uno añade su espera. No hace falta quitarlos, pero sí saber cuáles merecen lo que cuestan.
Ninguna de estas causas es difícil de resolver, pero hay que mirarlas. Y casi nunca se mira, porque desde dentro la web «va bien».
La pieza olvidada: un ejemplo de mi propia web
Te cuento un caso que me pasó con mi propia web. Daba errores de vez en cuando y el servidor respondía lento, sin una causa evidente. Al revisarla apareció una pieza olvidada: el cortafuegos de un plugin de seguridad que estaba desactivado, pero que seguía cargándose en cada visita antes que el resto de la web. Nadie lo veía, porque el plugin aparecía como apagado. Al retirarlo, el tiempo que tardaba el servidor en responder pasó de 1,08 a 0,34 segundos: tres veces más rápido sin cambiar nada de lo que se ve.
La lección no es ese plugin concreto. Es que la lentitud muchas veces viene de algo que nadie recuerda haber dejado ahí, y solo aparece si alguien se pone a buscarlo.
Cómo medirlo sin ser técnico
No hace falta saber programar para saber si tu web es lenta. Google resume la experiencia de carga en tres números, sus métricas web esenciales, y da un umbral para cada uno:
- Lo que tarda en aparecer el contenido principal (LCP): debería quedarse por debajo de 2,5 segundos.
- Lo que tarda la página en responder cuando tocas algo (INP): 200 milisegundos o menos.
- Lo que se mueve la página mientras carga (CLS): 0,1 o menos. Si los elementos saltan cuando intentas pulsar, falla aquí.
Puedes ver los tuyos en PageSpeed Insights, la herramienta gratuita de Google: pones la dirección de tu web y te dice si los cumples. Mira siempre el resultado de móvil, que es el que más se parece a cómo te visitan. Y un apunte para no confundirte: PageSpeed enseña dos cosas distintas. Arriba, si tu web tiene suficientes visitas, aparecen datos de usuarios reales de los últimos días; abajo, una simulación hecha en ese momento. Cuando tengas las dos, fíate más de la primera.
Qué arreglar primero (y qué no merece la pena perseguir)
El orden razonable es el de las causas: primero el alojamiento, después la caché y luego limpiar lo que sobra, imágenes incluidas. Con esas tres cosas, la mayoría de webs pasan de lentas a correctas.
Lo que no merece la pena es obsesionarse con sacar un 100 en PageSpeed. La puntuación es una guía, no un objetivo: una web puede tener un 85 y ser rapidísima para quien la visita, o un 98 siendo una página vacía que no vende nada. Lo que importa es que tu cliente vea rápido, desde su móvil, lo que necesita ver. Perseguir los últimos puntos suele costar más de lo que devuelve.
Y como la lentitud vuelve (un plugin nuevo, una imagen enorme, una actualización), conviene que alguien lo vigile. Es una de las cosas que hay detrás de qué incluye un mantenimiento web bien hecho.
La velocidad también es tu imagen
Una web lenta transmite lo mismo que una tienda con la persiana a medio subir: que no está del todo abierta. Casi siempre se arregla con poco, pero solo si alguien se pone a mirar dónde se va el tiempo. Es justo lo que reviso en mi servicio de mantenimiento web. Y si quieres que miremos la tuya, hablemos de tu proyecto.


